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21 de julio de 2010

My best first date ever



Mi primera cita la tuve un 28 de enero con Eric. He salido antes con otros chicos pero nunca la pasé tan bien como con él y tampoco sentí tantos nervios en alguna "salida" como aquella noche fría. La situación era muy extraña. Para empezar él no era el típico chico trujillano, no, nada que ver, era americano y no hablaba español. Recuerdo que antes que llegara a recogerme me moría de nervios, no sabía que cuernos iba hablar con él, me demoré un siglo en escoger que ropa ponerme, tenía miedo que mi inglés humilde lo espantara, pero con los nervios y todo esperé a que llegara.

Las chicas que vivían conmigo me hacían bromas, me decían, "aplica el lenguaje del amor", yo me reia y a la vez disimulaba los nervios con las carcajadas. Hasta que me llamó y me dijo que estaba afuera esperando a que saliera. Yo salí con esa sensación rara en el estómago y a la de Dios, lo que toque.

Eric me saludó con el típico "Hi" y me trepé a la camioneta como pude. Recuerdo que lo observaba bastante, era de noche y Kings Beach no era una zona muy iluminada, asi que él no se daba cuenta que estaba sonrojada. Yo no sabía que decir, él era el que me hacía las preguntas, me preguntó si quería comer en un restaurante peruano que quedaba en Reno o si quizás quería otra cosa, yo obviamente escogí el restaurante peruano (antes de conocerlo me alimentaba a base de sopas Ramen, atún con huevo y una que otra manzana). Que ansiedad sentía!, durante el camino hablamos un poco sobre música, también sobre comida peruana (había pisado tierras peruchas algunos años atrás), me contó que era vegetariano pero que comía pescado y obviamente cebiche. El camino a Reno tomo media hora, el restaurante peruano felizmente estaba abierto. Era un lugar sencillo pero con música latina, en las paredes colgaban pinturas con imágenes peruanas, habian un par de policias gringos comiendo y una familia de peruanos saboreando un buen pollo a la brasa. Él pidió un arroz chaufa con shrimps y yo, hasta ahora no entiendo por qué, pedí un ¿salpicón de pollo?, el pidió una papa a la huancaina para picar y 2 cuzqueñas por favor. Me sentía como en casa, tomando cuzqueña y comiendo papa a la huancaina. El lugar ayudó a darme confianza. Mientras comíamos hablábamos de nuestras familias, de lo que hacemos por la vida y de rock n' hiphop. Habian ratos en los que nos quedabamos callados pero era un silencio agradable. Él no comió nada porque disque estaba lleno y pidió su taper para comer en casa. (eso me pareció tan peruano)

A donde ir luego? pues al Circus Circus de Reno. Eso estuvo genial, hubieron unos pequeños shows de chinitas haciendo malabares o saltando con ula ulas. Jugamos esos juegos de puntería y no gané nada pero sí gané en uno donde tenías que pescar con imanes, mi premio fue el baby seal, un lobito de mar blanco de peluche. Era super lindo y tierno, tanto así que cada vez que lo veo me recuerda a él. Jugamos bastante toda la noche, me divertí como una niña en Happyland y no me quería ir, pero se hacía tarde y al día siguiente había que chambear. Después del Circus Circus recorrimos otros casinos pero la verdad a mi nunca me ha llamado la atención los juegos de apuestas. Decidimos regresar a Tahoe, en el camino le dije que se parecia a baby seal y se rió.

Me quedé encantada con la salida, fue... romántica, a pesar de la barrera del idioma la pasé muy bien, me sentía muy agradecida, en unas cuantas horas me devolvió el buen humor que ya estaba perdiendo (hasta ese entonces mi viajecito por USA apestaba), me alegró bastante y me sentí feliz por unas horas. No sabía como devolverle el favor, pero tenía que hacerlo de alguna manera, no tenía dinero como para devolverle la invitación, no sabia cocinar ni tampoco hago alguna otra cosa especial, así que se me ocurrió una idea en ese preciso momento: Sabía que los gringos cuando se despiden nunca dan beso en la mejilla, pero yo se lo di. No sé a dónde se me fue la timidez en ese momento, solo recuerdo que me acerqué a él y le di el típico beso de despedida peruano. Eric se sorprendió, no se lo esperaba, quizas haya pensado que soy una mandada o quizás creía que no sabia que los gringows no dan beso, sea como sea, me sentía feliz y ese kiss on the cheak fue mi demostración de agradecimiento. Bajé del truck y entré a mi casa con una enorme sonrisa en la cara. Fue un 28 de enero que nunca olvidaré.


Yo después de ganar a Baby Seal en el Circus Circus